Jueves 14 junio 2018

Cómo gestionar la fatiga por alarmas y personalizar la atención al paciente

Desde el momento en que un paciente ingresa en un centro hospitalario es atendido por diferentes profesionales de la salud y monitorizado por diferentes medios. En las plantas de hospitalización y sobre todo en las UCI’s, su seguimiento se realiza a través de sistemas de vigilancia centralizados que monitorizan su estado en todo momento.

Las variaciones en los diferentes parámetros que monitorizan al paciente generan alarmas que avisan al personal clínico. Estas alarmas son la herramienta principal para anticiparse a eventos adversos.

¿Qué es la fatiga por alarmas?

Las señales de alarma pueden oscilar entre las 500 y las 4.700 o más en 24 horas en una sola unidad. Esto supone que las enfermeras pasen alrededor del 11% de su tiempo de trabajo respondiendo a las alarmas.

En el año 2014 el ECRI Institute incluyó las prácticas relacionadas con la gestión de alarmas entre los diez mayores riesgos de la tecnología médica para 2015 y definía la fatiga por alarmas como la situación en la que la cantidad de alarmas es tan elevada que puede llevar a que los profesionales de la salud se sientan sobrepasados o estén distraídos e insensibilizados ante el exceso de alertas.

Me parecen muy relevantes las palabras del Dr. Félix Lacoma, Jefe de Servicio de la Unidad de Cuidados Intensivos de Quirón Salud Madrid, cuando dice que “un nivel de ruido elevado causa estrés a los profesionales sanitarios. Además, el profesional se acostumbra excesivamente a las alarmas y, por lo tanto, su atención decrece. Hay un ruido de fondo que llega a ser el habitual y sobre ese ruido es difícil discernir aquellos eventos realmente importantes”.

Es indudable que la exposición a un exceso de alarmas supone un riesgo para la seguridad del paciente debido a la dificultad para reconocer las realmente importantes. A esto tenemos que añadir la inquietud que genera en el propio enfermo y sus familiares. Por eso es necesario mejorar el entorno hospitalario y el ambiente de trabajo de los profesionales, lo que redundará en una atención de mayor calidad a los pacientes.

Tecnología para mejorar la gestión de alarmas

Uno de los principales problemas en la gestión de alarmas es, según el ECRI Institute, una inadecuada configuración de las mismas. En ocasiones, los límites son demasiado estrictos lo que lleva a que se active un número excesivo de alarmas, pero en otros casos puede ocurrir lo contrario, es decir, que las alertas no se activen cuando realmente es necesario.

En mi opinión es fundamental que las empresas proveedoras de salud faciliten herramientas que permitan a los profesionales sanitarios gestionar las alarmas de una manera fácil e intuitiva, así como proporcionar la formación necesaria para ello.

Entre las medidas que ya se están implementando se encuentra la sustitución de alarmas sonoras por otras visuales, así como la introducción del uso de herramientas predictivas en la monitorización que permiten conocer el estado general del paciente en todo momento y la creación de perfiles de monitorización según el estado de salud de los pacientes. Es decir, es necesario personalizar la gestión de alarmas no solo para cada paciente sino también en función de la evolución de su estado.

La tecnología se pone una vez más al servicio de la personalización de la atención al paciente. Conectamos datos, tecnología y personas para derribar las barreras en el cuidado de la salud.  

Fuentes de referencia: 

 

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