Martes 10 abril 2018

El uso de la imagen médica puede mejorar la personalización del tratamiento en casos de infarto

Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, más de 17.5 millones de personas murieron a causa de un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular en 2012. De entre estos, más de la mitad corresponden a una cardiopatía coronaria.

Con estas cifras, y con el objetivo de avanzar en prevención, diagnóstico y tratamientos de enfermedades cardiovasculares, la investigación en esta área sigue siendo especialmente importante en la mejora de la salud general de la población. Por ello, durante los últimos años, el desarrollo en imagen médica se ha hecho indispensable y ha permitido avanzar en técnicas de estudio anatómico y funcional del corazón, así como su respuesta ante episodios de paro cardiaco.

¿Cómo reacciona el corazón tras un infarto?

Hasta hace relativamente poco se creía que inmediatamente después de un infarto, se producía una reacción inflamatoria (con un aumento del contenido de agua y células) en el tejido infartado. Además, se creía que esta reacción permanecía inalterada durante al menos una semana con una desaparición progresiva posterior.

Sin embargo, hace algunos años, científicos del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), junto a la Fundación Jiménez Díaz y el Hospital Universitario de Salamanca, comenzaron a investigar, a través de la imagen cardiaca, el comportamiento del corazón tras sufrir un infarto de miocardio.

De este modo, mediante tecnología de resonancia magnética, demostraron que el corazón responde a dos reacciones edematosas diferenciadas y, además, separadas en el tiempo. Un hecho que implica un nuevo planteamiento en la manera de detectar y tratar este tipo de accidentes cardiovasculares.

La imagen médica, aliada en la lucha contra las enfermedades cardiovasculares

Una vez más, la innovación en imagen médica se pone al servicio de la sanidad para avanzar hacia la optimización de los tratamientos, intervenciones y terapias aplicadas. En este caso, tal y como destaca el cardiólogo Rodrigo Fernández-Jiménez, es posible visualizar los cambios dinámicos que se producen tras un infarto: inflamación, expansión del volumen de tejido, presencia de hemorragia u obstrucción de la microcirculación. Todo ello de manera no invasiva, en tiempo real y con una calidad de imagen excepcional gracias al uso de la resonancia magnética.

Un desarrollo que permite visualizar la anatomía del corazón de manera precisa, con un detalle casi milimétrico, que afecta a varios puntos de la atención cardiológica; desde el protocolo de actuación en caso de infarto, hasta la opción de tratamiento en base a las características de cada paciente o incluso el momento en el que deben realizarse los ensayos clínicos para cuantificar los daños irreversibles en las personas afectadas.

Con estas ventajas y con un futuro realmente prometedor en lo que a su desarrollo se refiere, la imagen médica se sitúa de nuevo como elemento indispensable en una sanidad centrada en los pacientes. Y es que el hecho de poder conocer cada día un poco más sobre la anatomía y el comportamiento de nuestro cuerpo de manera visual, nos permite adelantarnos a eventos adversos y realizar diagnósticos más precisos y definitivos y, por consiguiente, administrar tratamientos más personalizados. Una atención sin límites para mejorar el cuidado de nuestro corazón y de nuestra vida.

Fuentes de referencia:

 

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