Miércoles 21 marzo 2018

Ciudades cardioprotegidas, ciudades saludables

Según datos de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), se estima que nuestro país cuenta con aproximadamente 2,6 desfibriladores externos automatizados (DEA) por cada 10.000 habitantes. Una cifra insuficiente si tenemos en cuenta que la muerte súbita cardiaca es una de las principales causas de fallecimiento en todo el mundo, con una prevalencia de unos 3 millones de casos al año. En nuestro país, son 30.000 las personas que fallecen cada año debido a un paro cardiaco.

Si tenemos en cuenta que hasta un 50% de las muertes por infarto agudo de miocardio se producen en el domicilio o en la vía pública, la cardioprotección en vía pública se hace cada día más importante. Y es que, por un lado, cada minuto que pasa desde accidente cardiovascular hasta que se aplica la desfibrilación, las posibilidades de sobrevivir sin secuelas disminuyen un 10%. Por otro, cada desfibrilador instalado multiplica el porcentaje de supervivencia en 3 de cada 4 casos de paro cardíaco súbito.

La colaboración entre empresas y organismos públicos en la mejora de la salud cardiovascular

Durante los últimos años, varias comunidades y localidades han empezado a instalar desfibriladores en diferentes espacios. La provincia de Girona, por ejemplo, fue una de las pioneras en este ámbito. Hace unos años, la diputación provincial en colaboración con otros organismos, dotó a sus 222 municipios de casi 750 desfibriladores fijos y móviles. Desde entonces, se han salvado casi  40 vidas gracias al uso de éstos.

Unida a esta iniciativa, el atleta Chema Martínez mantiene, desde hace tiempo, una petición para impulsar una normativa de ámbito nacional que promueva y mejore los espacios cardioprotegidos en lugares públicos de gran afluencia de todo el territorio español. Ya han firmado más de 5.130 personas y hoy os invitamos dar vuestro apoyo.

Cataluña ha anunciado recientemente también su decisión de mejorar el cuidado de la salud en sus calles y ha comenzado a instalar nuevos desfibriladores que incorporan tecnología conectada. Así, una vez que se abre el dispositivo, éste realiza una llamada automática a los servicios de emergencia y envía a su vez la ubicación del mismo. De este modo, se reduce significativamente el tiempo de respuesta entre el accidente y el tratamiento correspondiente.

Una de las últimas ciudades en añadir mejoras y optimizar sus espacios cardioprotegidos y promoción de salud cardiovascular es Madrid. Mediante una campaña de sensibilización, escalable a cualquier comunidad, la capital española ha puesto en marcha un proyecto de concienciación y educación dirigido a la población, las empresas y la sociedad civil. Tal y como destacaba el Dr. Brugada, cardiólogo, exdirector del Hospital Clínic de Barcelona y Jefe de la Sección de Arritmias del mismo hospital, es necesario “concienciar a la ciudadanía de la simplicidad y efectividad de estos aparatos que los puede utilizar cualquier persona en caso de necesidad, aunque no tenga conocimientos sanitarios previos”.

Por este mismo motivo, la iniciativa tiene entre sus principales objetivos el impulso y la capacitación de las pymes en materias de cardioprotección, así como programas de enseñanza en RCP y desfibrilación, tanto en empresas como en escuelas y organismos públicos.

Además, bajo mi punto de vista, la puesta en marcha de este tipo de proyectos a nivel regional es solo un punto de partida que nos sitúa en el principio de una gran carrera por la cardioprotección a nivel nacional. Y para poder escalar y ampliar estas iniciativas, es necesario contar con la colaboración de varias entidades que aportan su experiencia e, incluso, su propia tecnología.

Desde las empresas proveedoras de soluciones sanitarias, comprometidas con mejorar la vida de millones de personas, creemos que la colaboración multidisciplinar es clave en el cuidado de la salud de las personas. En Philips hace mucho que tenemos este objetivo y nuestro reto es lograr una atención sanitaria sin barreras, allí donde y cuando se necesite. Y anticiparnos a un accidente cardiovascular o estar preparados para actuar en caso de presenciar uno, es un ejemplo de una sanidad sin límites. 

Fuentes de referencia:

 

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