Lunes 30 noviembre -0001

Visualizar un futuro sin dejarse llevar por el presente, una de las claves para innovar en salud

 

Imaginemos que llegamos a un país nuevo, donde está todo por hacer, y nos piden diseñar un sistema de salud universal ¿cómo lo haríamos? ¿Cómo diseñaríamos los espacios? ¿Y los servicios?  ¿Con que tipo de perfiles profesionales contaríamos? ¿A qué tecnologías daríamos prioridad? ¿Cómo distribuiríamos el presupuesto?...

Quizás nunca nos hayamos hecho esta pregunta.  A la mayoría nos resulta muy difícil imaginar sin límites, visualizar un nuevo sistema de salud sin tener en cuenta el sistema actual. Imaginar “el qué” futuro sin tener en cuenta “el cómo” actual. Pero vamos a intentarlo…

Probablemente pensaríamos más en prevenir que en curar y dedicaríamos más recursos a ello. Quizás el sistema sanitario sería solo una pequeña parte del sistema de salud, que a su vez sería parte de todo el resto de los sistemas. Por ejemplo, pensaríamos en salud al diseñar un sistema de movilidad en las ciudades y en vez de promocionar los actuales transportes escolares, promoveríamos los “caminos al cole”, los carriles bici, los aparca bicis, los servicios de reparación… En el entorno laboral, seguro que diseñaríamos los espacios e incluso los horarios de trabajo de otra manera, de forma que contribuyesen más a la productividad y al bienestar. 

En definitiva, haríamos todo lo posible por facilitar que los ciudadanos adoptasen hábitos saludables e invertiríamos en tecnologías, espacios, interacciones y experiencias que lo promovieran.

Habría incluso profesionales especializados en mantener la salud, revisiones médicas anuales más allá de los 14 años. No distinguiríamos entre salud escolar, salud laboral, salud comunitaria y otras; la salud sería toda una y asumiríamos que todos los entornos son susceptibles y responsables de generar salud o entorpecerla.

Nos apoyaríamos en tecnología móvil y embebida en elementos que nos rodean habitualmente, que recogerían datos nuestros y de nuestro entorno y los conectarían entre sí y con terceros; asistiéndonos en lo necesario, siempre que pudiésemos parametrizar personalmente el nivel de intrusión deseado.

Evidentemente, el espacio de la salud estaría en todas partes, no solo en las consultas y en los hospitales, que serían menos que los de ahora, algunos físicos y muchos virtuales… Porque mantener la salud tendría mucho más valor que curar la enfermedad, y es ahí donde destinaríamos los principales esfuerzos económicos y mentales.

Así que atentas las industrias de la salud, si dan ustedes con las claves para mantener la salud y prevenir la enfermedad (sea una App, un dispositivo, un algoritmo, una consulta o la combinación óptima de todos ellos…), tendrán ustedes futuro.

Y ahora que nos hemos atrevido a visualizar el futuro, la transición sigue siendo difícil, pero cobra un mayor sentido. Transición para todos aquellos que no hemos podido prevenir la enfermedad, que cada vez seremos menos, y transición para todos aquellos profesionales sanitarios para los que deseen o no, el sistema va a cambiar. ¡Buen viaje a todos!

 

 

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