Jueves 14 noviembre 2013

Las personas en el centro de la innovación

Las personas queremos sentirnos bien. Ese es el propósito que nos impulsa. Nos gusta estar sanos, que los que nos rodean gocen de buena salud. Queremos que nuestra casa, nuestras comunidades y ciudades, sean agradables y cómodas. Que conformen un entorno que nos haga sentir seguros, que nos permita desarrollarnos y que contribuya a nuestro bienestar. Estos requerimientos presentes son también anhelos para el futuro.

Cuando en Philips, como compañía global de tecnología, nos planteamos cuál era nuestro propósito nos dimos cuenta que no era diferente al leitmotiv de cualquier persona individual. Nos preguntamos para qué desarrollamos día a día nuestra actividad y la respuesta fue  mejorar la vida de las personas.

Encontrar esta respuesta es solo el primer paso de una serie de preguntas, un continuo proceso de cuestiones ¿cómo podemos cumplir ese propósito? ¿Cuál debe ser la contribución de Philips en esta visión compartida con las personas? ¿Qué podemos aportar que suponga una diferencia significativa?

La trayectoria de Philips comienza en 1891 y, durante todos estos años, nuestros grandes hitos han estado marcados por la innovación. Innovación tecnológica que, por ejemplo, trajo al mundo el casete hace ya 50 años. También innovación que día a día consigue reducir la dosis de radiación en equipos médicos o que consigue que nuestras ciudades estén mejor iluminadas sin renunciar, e incluso mejorando, nuestra eficiencia energética.

Si tomamos una perspectiva amplia como la del vídeo, vemos que las innovaciones que hemos llevado a cabo revolucionaron o hicieron evolucionar significativamente muchos sectores.  Acercar esa visión a niveles que podríamos denominar “microscópicos” nos desvela historias fascinantes.

Mientras yo escribo este artículo, o tú lo lees, en un hospital de China, la doctora Yan Luo está valiéndose de la tecnología, del producto de la innovación, para reducir y detectar la incidencia del cáncer de hígado en sus pacientes. Un proceso en el que han intervenido profesionales de muy distintas disciplinas encuentra su significado cuando, como en este caso, un médico consigue finalizar su jornada sabiendo que ha ayudado a los integrantes de su comunidad.

El testimonio que vemos en el vídeo es un ejemplo de la repercusión directa de equipos médicos, en sentido estricto, en la lucha contra una enfermedad. Pero la salud debe abordarse desde una perspectiva más global. Hace tiempo que las reflexiones en el ámbito sanitario están llevando a un concepto de hospitales y centros asistenciales que han dejado de centrarse en combatir una enfermedad, para preocuparse también por el modo en que se sienten las personas allí atendidas.

En el Hospital Infantil de Phoenix, niños y niñas que tienen que permanecer ingresados, encuentran un ambiente creado para que olviden su enfermedad. Si uno solo de los pequeños pacientes que son atendidos en este centro consigue enfrentar su situación mejor, si con la iluminación podemos hacer que se sientan más fuertes y valientes, entonces estamos consiguiendo una innovación realmente importante.

Es un ejemplo de que el foco de preocupación de los hospitales ha pasado de las dolencias a las personas. Se trata de aliviar el estrés, la incertidumbre y el miedo al que puedan enfrentarse, para ofrecerles una vía de escape y diversión. ¿Lo imaginábamos hace no tantos años?

Al igual que en el ámbito de la salud, nuestro concepto de bienestar lo es en un sentido amplio. No puede considerarse que exista un bienestar pleno si una persona no puede ser feliz, si no se siente cómoda y segura. Y esto incluye sonreír a diario.

Las sonrisas también pueden ser objetivo de la innovación. Incluso me atrevería a decir que no solo pueden, sino que deben serlo. No pensemos en equipos de innovación, en ingenieros o diseñadores desarrollando un producto. Pensemos en cómo el resultado de su trabajo puede ayudar a que la gente sonría. Si se te ha ocurrido alguna manera, también estás participando en este proceso creador que gira en torno a las personas.

Cada una de estas historias nos revela que detrás de cada innovación, de cada desarrollo hay un resultado global, pero también hay infinidad de experiencias individuales. La innovación va recorriendo un camino que lleva desde las personas que participan en el proceso hasta las ciudades, comunidades, barrios, familias y, finalmente, personas que la harán suya y la convertirán en parte indisoluble de sus vidas.

Esa es la gran respuesta ¿Qué podemos hacer para mejorar las vida de las personas? Comprometernos con el desarrollo de una innovación que sea significativa. Esto pasa por realizar desarrollos que, al hacer balance de nuestra historia contemplaremos como grandes hitos, pero que solo tendrán importancia cuando hagan posibles estas pequeñas historias en las que somos testigos de una mejora en la vida de las personas. 

 

 

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