Miércoles 20 abril 2016

La e-salud del futuro: exponencial y aumentada, pero sobre todo personalizada

Resulta relativamente sencillo echar a volar la imaginación y aventurar cómo será el futuro a medio plazo en lo que respecta a la salud digital. Sobre todo, porque cada día desayunamos con una noticia sobre un nuevo gadget, wearable o dispositivo que promete hacernos la vida mucho más fácil.

Tecnologías que emergen con fuerza y que son la novedad del momento, a las que enseguida les buscamos su aplicación en salud, pero que en la mayor parte de los casos acaban diluyéndose porque no solucionan un problema inmediato o acaban aumentando su complejidad inicial (véase Google Glass, pulseras cuantificadoras, etc.).

Otras sin embargo, entre las que se encuentran el llamado big data y la inteligencia artificial, empiezan a dar sus primeros frutos y estamos convencidos de que acabarán desempeñando un papel importante en la salud del futuro. La impresión 3D por ejemplo ya está ayudando a preparar intervenciones quirúrgicas de gran complejidad o mejorando y democratizando el diseño e impresión de prótesis a bajo coste. 

En este sentido, los llamados gurús o grandes innovadores, aquellos que no se conforman con seguir las tendencias, sino que se encargan de crearlas, llevan un tiempo diciendo que el ritmo de aparición de nuevas innovaciones está entrando en una fase exponencial, y lo que nos viene encima va a superar con creces nuestra capacidad de asimilación.

Y más si tenemos en cuenta que las organizaciones sanitarias que soportan e intentan absorber los avances tecnológicos como pueden, fueron diseñadas para un mundo en el que el cambio se desarrollaba de manera lineal y no exponencial. Lo cual nos hace pensar que o conseguimos flexibilizar nuestras estructuras políticas y administrativas para adaptarse al nuevo ecosistema digital o bien habrá que sustituirlas por otros modelos.

El Uber de la salud que no acaba de llegar

Vivimos por tanto con la sensación de que algo grande va a transformar la salud de forma disruptiva a lo largo de los próximos meses o años (el Uber, Airbnb o Spotify de la salud), pero éste no acaba de llegar, quizás porque el sector de la salud resulta más complejo que otros ámbitos.

Pero lo cierto es que mientras seguimos cegados por los fuegos de artificio de las últimas novedades tecnológicas, reclamando a la  salud la inmediatez de la que gozan otros servicios y soñando con cómo el big data y la inteligencia artificial van a cambiar la salud para siempre, existen otras tecnologías que poco a poco se siguen abriendo paso y ya están marcando el paso de cómo será la salud en los próximos años.

Los pacientes por un lado a la vez que observan con atención el desarrollo de nuevos dispositivos y servicios que mejoren su calidad de vida, acuden cada vez más a Internet en busca de respuestas para mejorar su salud y participan en foros, redes sociales y comunidades de pacientes.

Y cada vez son más las iniciativas que nacen con el objetivo de mejorar la implicación de los ciudadanos en su salud, porque sabemos que aquellas personas que están más informadas y capacitadas, utilizan mejor los recursos sanitarios y toman mejores decisiones sobre todo lo que afecta a su salud. Muchas organizaciones sanitarias están poniendo el foco en la cronicidad y empiezan a impulsar programas de Paciente Activo, en los que la tecnología seguramente jugará un papel fundamental en los próximos años.

Y por otro lado los profesionales lo viven de otra manera. La mayoría todavía ajenos a la transformación tecnológica y social que estamos viviendo, porque no ha calado en estructuras todavía impermeables al cambio. Otros muchos están preocupados por el cambio de roles, por las nuevas demandas de información de los pacientes más activos, por el desembarco de la carpeta de salud... Y en definitiva, por la pérdida de control que supone la inmersión digital. 

Y finalmente algunos (admitamos que son menos de lo que nos gustaría), los llamados early adopters, están abrazando el cambio como algo no solo inevitable sino beneficioso, y empiezan a utilizar las herramientas tecnológicas para mejorar la forma en que se comunican con los pacientes y otros colegas, se ponen al día y forman a través de plataformas e-learning, usan tecnologías de apoyo a la investigación, e incluso utilizan plataformas digitales para ofrecer servicios de telesalud.

La alfabetización digital se sigue abriendo camino y cada vez son más los pacientes y profesionales que usan estas herramientas en relación con la salud.

Hacia una salud aumentada y personalizada

Pero si la aparición de Internet y web 1.0 supuso la consolidación de la sociedad de la información, y el 2.0 ha sido la era de la hiperconexión social y el inicio de la sociedad del conocimiento, muchos estamos convencidos de que la fase 3.0 (que ya ha comenzado) será la de la personalización.

Y será así porque la inteligencia artificial sigue avanzando y los algoritmos de toma de decisiones son cada vez más complejos, y ya deciden por ejemplo el orden en que se muestran nuestros resultados cuando hacemos una búsqueda, lo que vemos primero en nuestras redes sociales, la publicidad que consumimos en función de nuestros gustos, etc.

Muy pronto será la inteligencia artificial la que decida qué programas de salud deberemos seguir, qué información es la más adecuada para nuestro nivel de alfabetización sanitaria, qué aplicaciones de salud deberemos tener instaladas en nuestro móvil o qué fármacos son más adecuados para nuestro genoma. Dispondremos de unos servicios segmentados y personalizados para nuestro perfil, en definitiva: una salud aumentada.  Y será también la inteligencia artificial la que ayudará y en muchos casos sustituirá muchas de las tareas que hacemos los profesionales en nuestro trabajo.

El uso del big data es otro ejemplo de cómo el análisis de información nos va a ayudar a mejorar la salud de las poblaciones. La asociación entre empresas tecnológicas y organizaciones sanitarias va a permitir la explotación de los datos que generamos en salud y la extracción de inteligencia que aporte valor.

El recientemente anunciado Proyecto Hikari, ha sido desarrollado en colaboración entre Fujitsu y la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, los cuales trabajan en un software que analice datos provenientes de múltiples fuentes, en busca de correlaciones y patrones, con el fin de establecer distintos perfiles entre los pacientes que tienen trastornos de salud mental. Se trata por tanto de conocer mejor estas enfermedades y de anticiparse a los hechos antes de que sucedan, ayudando en la toma de decisiones de los profesionales.

Resulta paradójico pensar que el uso de datos para el análisis de millones de datos y el desarrollo de algoritmos vayan a permitir el desarrollo de una salud cada vez más personalizada, pero sobre todo más humana.

¿En el futuro la tecnología humanizará la asistencia? Estoy convencido de que así será, aunque de eso hablaremos en otra entrada...

 

Philips respeta su privacidad. Utilizamos las cookies para varios propósitos, tales como asegurar la funcionalidad del sitio web, mejorar la experiencia del usuario, garantizar la integración de las redes sociales y mostrar publicidad (selectiva).

Al continuar con su visita a nuestro sitio web, da su consentimiento a nuestro uso de las cookies. Sin embargo, puede cambiar la configuración de las cookies en cualquier momento.

Más información.

Aceptar